‘Bake lehorra (La paz estéril)’, sobre los intentos de paz en los contextos de guerra

El miércoles, 31 de enero (20:00 horas) pisará el escenario del Teatro Gayarre el espectáculo teatral en euskera con sobretítulos en castellano ‘Bake lehorra (La paz estéril’), una producción de Tartean Teatroa que reflexiona sobre la dificultad de parar una guerra una vez iniciada. Patxo Telleria firma la autoría y dirección de esta historia alejada de la erudición y del historicismo para centrarse en lo humano y emocional y que protagonizan los actores Aitor Borobia y Aitor Fernandino. Las entradas se encuentran disponibles por 8€ tanto en taquilla como aquí.

UN SUCESO POCO CONOCIDO DE LA HISTORIA CONTEMPORÁNEA

La obra se centra en el llamado Convenido de Amorebieta, un intento frustrado al principio de la Segunda Guerra Carlista de alcanzar la paz. Aquel acuerdo no gustó ni a liberales ni a carlistas. De hecho, pocas semanas después ambos bandos reemprendieron una guerra fraticida y sangrienta que se prolongaría durante cuatro años más.

“Ahora que en Europa volvemos a sentir cerca el horror de las bombas, Bake lehorra (La paz estéril nos cuenta lo fácil que es prender la mecha de la guerra y lo difícil que resulta extinguirla. Que los rescoldos mal apagados de viejas guerras avivan otras nuevas”, explica Telleria sobre la esencia y recreación escénica del montaje.

La historia nos sitúa en el 24 de mayo de 1872. En el municipio vizcaíno, el General Serrano y el Diputado Orúe discuten las condiciones de la paz, en un ambiente de cordialidad diplomática.

Un poco más abajo en esa pirámide social, al otro lado de la puerta, sendos oficiales de ambos bandos (carlista y liberal) vigilan la seguridad de los conferenciantes mientras airean su mutuo odio y desprecio.

Más abajo en la escala social, a pocas leguas de Amorebieta, en un campamento carlista del alto de Morga, un soldado liberal que ha sido sorprendido haciendo pillaje, va a ser fusilado cuando la ejecución se detiene hasta saber el resultado de la conferencia de paz.

En ese mismo momento, a nueve leguas, en el cementerio de Oñate dos campesinos lloran ante la tumba del hijo de uno de ellos, un bebé al que alcanzó una bala perdida en una escaramuza entre carlistas y liberales; nadie sabe de dónde salió la bala.

Las escenas se intercalan y entrelazan a lo largo del relato de una hora de duración. Cuanto más arriba en la escala, mayor el grado de responsabilidad en la barbarie. Cuanto más abajo, mayor el sufrimiento que ésta provoca. Mayor el dolor y el resentimiento.

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